por la Lic. Marìa Elena (Mariela) De Filpo Beascoechea (Miembro del Staff de la Revista ConViviendo
La celebración de los 22 años de la Revista Conviviendo me
convoca a recordar los caminos abiertos por dos grandes pensadores que permiten
dejar huella en la promoción que, desde el Grupo ConVivir, se lleva
adelante sobre el Trabajo Social Clínico. Me refiero a Sigmund Freud y a
Edgar Morin.
El antecedente freudiano
Si bien Freud no utilizó explícitamente los términos interdisciplina o
transdisciplina en el sentido actual, mostró a lo largo de su obra —siempre
abierta y en constante redefinición en articulación con la clínica— una
apertura hacia el diálogo con distintos campos del conocimiento. En este
sentido, el psicoanálisis se nutre de saberes diversos: la medicina, la
neurología, la filosofía, la antropología y la literatura. Freud entendía que
los fenómenos psíquicos requerían una mirada compleja que integrara múltiples
perspectivas, ya que no podían ser entendidos de forma aislada.
Esta es la idea que anticipa el camino hacia un trabajo
transdisciplinario: la colaboración entre profesionales de diferentes áreas
para abordar problemáticas complejas, especialmente en contextos sociales. Para
Freud, el síntoma no debe verse sólo como una manifestación individual; no
aparece suelto en el aire, sino que es el resultado de una historia personal
atravesada por factores familiares, culturales y sociales.
En su célebre texto "Nuevos caminos de la terapia
psicoanalítica", Freud reconoce la importancia de adaptar la técnica a
las condiciones reales de los pacientes y plantea la necesidad de llevar el
tratamiento a sectores más amplios de la población. Esto implica necesariamente
un trabajo articulado con instituciones y políticas públicas. Esta preocupación
puede leerse como una base para el desarrollo posterior de prácticas clínicas
con enfoque social.
El trabajo clínico-social, en este sentido, encuentra en Freud un
antecedente clave. En la actualidad, el trabajo transdisciplinario, tal como
plantea la Lic. Liliana Calvo en su quehacer profesional, es fundamental en
ámbitos como la salud mental comunitaria. El legado freudiano sigue vigente
como un punto de partida para pensar la complejidad del sujeto en relación con
su entorno.
Edgar Morin y el paradigma
del pensamiento complejo
El aporte de Edgar Morin es fundamental para ampliar y profundizar lo
que ya se vislumbraba en Sigmund Freud respecto de la necesidad de integrar
saberes en el trabajo clínico y social. Freud mostró que el sujeto no puede
entenderse de forma aislada; Morin desarrolla un marco teórico explícito para
pensar esa complejidad a través del pensamiento complejo, que cuestiona
la fragmentación del conocimiento en disciplinas cerradas.
Para él, la realidad —y especialmente la realidad humana— es
multidimensional: biológica, psicológica, social, cultural e histórica al mismo
tiempo. Toda comprensión o intervención debe evitar reducir esa complejidad a
aspectos parciales.
Aplicado al trabajo clínico-social, el pensamiento complejo implica que
no basta con abordar el malestar psíquico desde una única perspectiva. Un
problema de salud mental, por ejemplo, no puede explicarse sólo por factores
intrapsíquicos ni únicamente por condiciones sociales o económicas. Es
necesario articular ambos niveles, junto con otros, en una red de relaciones.
Morin propone varios principios clave que resultan especialmente útiles
en este campo:
- Principio
de interrelación: Los fenómenos están
conectados entre sí; el individuo y la sociedad se influyen mutuamente.
- Principio
de recursividad: Los efectos retroactúan sobre las causas. Por
ejemplo, una situación social afecta al sujeto, pero las acciones del
sujeto también transforman esa situación.
- Principio
de hologramático: Cada parte contiene,
de algún modo, el todo; el individuo refleja aspectos de la cultura y de
la sociedad en la que vive.
Conclusión:
Podemos concluir entonces la relación entre ambos pensamientos: Freud
introduce la idea del trabajo intrapsíquico teniendo en cuenta los aspectos que
atraviesan la vida del sujeto desde un punto de vista hermenéutico, y Morin
amplía esa mirada incorporando la concepción de la complejidad sistémica del
mundo y elaborando un modelo que permite acceder al conocimiento de esa
complejidad.
Juntos permiten fundamentar un enfoque que:
- Reconoce
al sujeto como un ser singular e histórico.
- Integra
dimensiones individuales y colectivas.
- Promueve
la tarea transdisciplinar, que no implica suma, sino articulación
compleja.
- Evita
reduccionismos biologicistas, psicologicistas o sociologicistas.
Y concluyo mi humilde aporte transmitiendo mi homenaje a la labor
ininterrumpida del Grupo ConVivir y a su publicación, la Revista
Conviviendo, que durante 22 años ha contribuido al conocimiento y al
crecimiento profesional, así como a la atención de problemas que requieren
respuestas igualmente complejas e integradas.
Nota de la Dirección: Agradecemos profundamente
este valioso aporte de la Lic. Mariela Elena (Mariela) De Filpo Beascoechea,
miembro de nuestro staff en este
aniversario tan especial. Si querés conocer más sobre la aplicación práctica de
la Clínica Social y los modelos de intervención transdisciplinaria en
familias, te invitamos a conocer las obras de nuestra directora, la Lic.
Liliana Calvo: "Familia Resiliencia y Red Social" y "Trabajo
Social Familiar" y próximo a salir Avances en el Trabajo Social Clìnico.
Podés seguir de cerca nuestras publicaciones y actividades tanto en el Centro
Grupo ConVivir como en las próximas ediciones de la Revista Conviviendo.